Hace ya mucho tiempo, cuando empecé en el sector inmobiliario, mi jefe en una de las charlas que nos daba, nos dijo solemnemente: “la casa ideal no existe”. Y, a continuación, nos pidió nuestro parecer. Todos más o menos expusimos que sí, que todo era cuestión de dinero. Pero él nos argumentó lo siguiente: Si estás ofreciendo un piso modesto, razonablemente barato, lógicamente tendrá muchas carencias. Seguramente no tendrá ascensor y, si tiene ascensor, la cocina será pequeña y si no, no tendrá terraza y, si la tiene, estará mal orientada…. Si estas ofreciendo un megachalet en una superurbanización, el problema será el mismo. Tendrá muchísimas cosas pero siempre te podrán decir que por ese precio ya podía tener la piscina climatizada, y si la tiene, podría tener sauna, y si la tiene, la parcela es pequeña…. En definitiva, a medida que un inmueble va siendo más caro, se le va exigiendo más. Con las fincas rústicas pasa lo mismo: A medida que la finca que te ofrecen va siendo más cara tú, lógicamente, vas a exigir más. Ahora bien, si no tienes claro que “La finca rústica perfecta no existe”, nunca te llegarás a decidir. Te volverás loco visitando cientos de fincas, harás miles de kilómetros. Pero no comprarás. El secreto está en saber valorar la relación calidad/precio. F.G. |